3 de febrero de 2012

Mal benennen

En realidad, desde que sé ponerle nombre siempre me he visto determinista. Pero creo que hay realmente dos clases de deterministas: los que afirman que los sucesos del universo está determinados por estar ya todo escrito y los que afirman que los sucesos del universo están predeterminados por la naturaleza misma del universo, porque cada átomo va a reaccionar siempre igual ante el mismo estímulo. Y yo estaría en estos últimos.
A menos que las mentes existan realmente, pues su existencia haría que se rompiera prácticamente todo lo de arriba.
Si las mentes no existen realmente y hacemos varias copias de este universo en varios momentos y las ponemos a cada una en una línea temporal paralela siempre irán todos esos universos al unísono, pues a partir de que todo haya empezado, conociendo absolutamente todas las reglas del "juego", se puede saber qué pasará exactamente millones de años depsués en cualquier otra parte de ese espacio.
Si las mentes existen, los sucesos a nivel material, por así decirlo, seguirán siendo los mismos y estarían motivados por lo mismo y desembocarían también en lo mismo, pero habría un elemento más en juego, porque ya no tendría sentido únicamente la concatenación de hechos "puros" sino que se introduciría la voluntad, y si la mente existe hay millones de voluntades en el planeta encima y debajo del agua "impidiendo" la "pura" continuación de sucesos a niveles físico y químico.
Es decir, que si la vida existe realmente como vida y no sólo como reacción química, tengo ganas de vivir en este mundo.
Y tengo ganas de creer en la mente y de abandonar el determinismo que tanto me encanta.
Y no sé cómo se llamaría eso ya, porque determinismo a secas ya no es. Sería algo como "Dícese de aquél que creería en un determinismo máculo de tener pruebas de la no existencia de la mente como algo ajeno a la química debido al impacto de impredecibilidad que ella supondría al acontecer en su universo".

25 de noviembre de 2011

Pero nunca llegamos realmente a hablar

Entra en el baño contigo, da igual para qué, y veis la calefacción puesta y la ventana abierta, con mucho frío en la calle. Cierra la puerta, y vas entonces tú a cerrar la ventana pero dice:
-Mejor no la cierres aún, que está el cuarto muy frío todavía. Con la puerta y la ventana cerradas la calefacción hará su efecto si no la apagamos pero el frío no va a salir, va a seguir estando en la habitación. Va a ser mejor deja la ventana abierta un poco más para que el frío pueda escapar y se caliente un poco esto, si no la temperatura no subirá nunca.

21 de noviembre de 2011

Nada que ver con pícaros

Un día no te duchas y hueles a ayer ("ayer" relativo al día en el que no te hayas duchado). En los días consecutivos te fuerzas también a no ducharte, y cada día hueles ayer, que resulta realmente en una suma de oler a ayer y al ayer de ese ayer.

Oler a ayer en cadena.


Esto puede resultar bastante útil para describir ese tipo de olores sin demasiada complicación ni circunloquiamiento.
"Buah, huelo a ayer en cadena de tercer grado". Me duché hace cinco días y éste es el cuarto que no me ducho. Primero bien, el siguiente día se huele a ayer y los siguiente tres a ayer en cadena de primer, segundo y tercer grado.

6 de noviembre de 2011

Una semana aburrida

Es lunes y te quedas sin internet en casa. Ningún compañero sabe aún por qué, algo habrá pasado en el módem.

El martes el festivo y no se puede llamar para preguntar si es problema de la compañía o de nuestro módem.

El miércoles no coge nadie.

El jueves te dicen que es problema del módem, y dios sabe cómo se arregla.

El viernes estás hasta los huevos y piensas que sería mucho más llevadero si simplemente supieses cuándo volverá internet, para poder dejar de estar preocupado hasta entonces. Y apareces en ese día.

En tu cuarto, todavía, pero no tienes forma de ver directamente qué día es ni qué hora.

No suena música en casa, no puedes tomar eso como referencia.

Los árboles a los que da el balcón están prácticamente igual de pelados que el viernes hace un momento, pero no sabes a qué velocidad se caen las hojas de un árbol, y si lo supieses es posible que no supieses si es una velocidad regular, y tampoco eso es algo con lo que puedas saber cuándo estás.

Si abres el portátil puedes entrar en internet, pero no hay forma humana de ver la hora o la fecha. Cuando intentas mirar hacia la esquina de la pantalla donde la puedes ver en condiciones temporales ordinarias ves que simplemente no puedes, igual que de normal no puedes levitar o respirar envuelto en cemento.

Y lo mismo cuando intentas buscar hora y fecha en google, no puedes y punto.

Y cuando se lo preguntas a alguien. No puedes descifrar lo que te dicen.

Hay eventos en la ciudad, conciertos en la plaza principal y una exposición en otra plaza. Pero igualmente no tenías ni idea de que los fuese a haber, no habías visto antes en qué fecha serían, y si lo buscas en internet no podrás saberlo.

Vuelves al cuarto para seguir buscando referencias temporales. Tienes la misma ropa, dos camisetas han pasado del tendedero al sofá, no hay más libros ni más telas de araña, a la vista al menos, hay tres cartones más de leche pero no es algo que tomes de forma periódica, y una lata y dos botellas más de cerveza, que pueden ser de cualquiera del piso. Los dos sofás del cuarto siguen ahí y en el mismo sitio, y falta un colchón de los tres que tenías. Llamas a los compañeros con la excusa de simplemente ponerte a charlar un rato y ves que el colchón que falta está en el cuarto de uno de ellos.

El felpudo de la entrada de la casa no está en la entrada de la casa, ha aparecido roto y mojado entero en la bañera, y oliendo a húmedo desde hace ya algo de tiempo.

No encuentras nada más, pero piensas que puede ser suficiente para tener una idea de cuándo volverá internet.

Vuelves al viernes.

Es más temprano que antes en el día en el que volverá internet, el sol no está tan alto como lo viste. Podría ser hoy, pero piensas que es demasiado precipitado para que haya cambiado todo eso desde entonces hasta que el sol esté en el punto que quieres, así que te pasas el resto del día viendo simplemente qué pasa en la casa, sin tocar nada.

Pero nada. Aún necesitas tres cartones más de leche, una lata y dos botellas más de cerveza, la camiseta verde y una de las grises en el sofá, el felpudo roto y oliendo mal dios sabe por qué en la bañera y un colchón menos. Y te impacientas y decides moverte.

Coges el felpudo y se desgarra él solo al ponerlo en vertical. Lo pones en la bañera, lo mojas en condiciones y lo dejas ahí fermentando.

El sábado por la mañana vas al supermercado a comprar la leche y la cerveza, de la misma marca que la que viste que había en tu cuarto cuando intenet había vuelto. Las vacías en el fregadero y dejas los envases como viste que tenían que estar.

Pones las camisetas en el sofá.

Hablas con quien tenía el colchón y le dices que lo tienes que dejar un momento en su cuarto. Que tienes que probar algo y ya le contarás.

El felpudo apesta, más que antes de estar mojado.

No tienes ni idea de si los árboles de enfrente tienen las hojas que deberían tener, no vas a recordar algo como eso.

Llega a casa el compañero que faltaba y te dice que sabe al fin cómo arreglar el módem, y lo hace, y parecía bastante sencillo.

Pero no tienes forma de ver si esos eventos fueron hoy sábado, se hacen muchos parecidos en esos mismos sitios y sólo lo sabrás si vas a diario a verlos hasta que uno coincida, si no es hoy. Pero decides quedarte en tu cuarto sin saber si has cambiado el futuro.

¿Te gusta el cine sueco o italiano?

"¿A o B?"

·"(A)? o (B)?"

·"(A o B)?" , "(A y/o B)?"

2 de mayo de 2011

Atemberaubend como él mismo

"Es war ein kalter und ungemütlicher Nachmittag, als ich den CD-Shop verließ. Der Himmel war grau und ich bereitete mich für meinen Nachhauseweg vor. Als ich meinen Hut aufsetzte und die Tür des Ladens schloss, machte ich meinen CD-Player an und zog meinen Mantel an. Obwohl ich schnell nach Hause wollte und aus dem Kalten raus wollte, passierte etwas Seltsames. Als die Musik durch meine Kopfhörer kam und die eröffnenden Akkorde mich sofort mit ihrer dunklen, melancholischen Atmosphäre einnahmen, überkam ich plötzlich das Verlangen, einen langen Spaziergang zu machen. Also drehte ich die Lautstärke auf und begann damit, die Leute um mich herum zu beobachten, wie sie raus- und reinkamen. Als ich weiterlief und immer noch das Leben um mich herum beobachtete, begleitete mich diese dunkle Musik auf meinem Weg. Der Himmel blieb dunkel und die Luft war weiterhin kalt."

23 de marzo de 2011

龘了

-La sensación horrible que te entra cuando vas a volver a hablar con alguien con quien hace mucho tiempo que no hablas, a quien quisiste una barbaridad y por qué no todavía, y con quien dejaste de hablar de forma excesivamente brusca.
-Sí, qué le pasa a eso.
-Ese malestar de querer por todos los medios abrir ya la boca o darle ya al botón verde o pulsar ya el timbre y tener un miedo horrible a hacerlo, pero aun así, sabiendo que deberías hacerlo, disfrutas enormemente de ese miedo, en parte por debilidad al poderlo tomar como excusa para no llamar, echado hacia atrás por el miedo y corriendo más aún hacia detrás en busca del calorcillo de ese miedo.
-Sí, que sé lo que es, pero que quieres hacer con eso.
-Que cómo lo llamarías.

11 de enero de 2011

Los cipreses no creen en las construcciones de relativo.

Ya no me interesa saber por qué marchó el lobo estepario, ni qué le pasó a Siddhartha, ni qué es realmente el gran Gatsby, y es un horror.

21 de junio de 2010

Shadenfreude

-Por muchas intenciones [...]. Primera porque le quiero a usted. Le quiero a usted porque usted me quiere. Segunda... No sé cómo decírselo para no ser macilento y evitarle pesos desagradables [...]. Belarmino hizo una pausa, a la rebusca de locuciones explícitas y amables. -Usted es la materia; yo soy el espíritu. Usted se alegra con las cosas; yo, alejándome de las cosas. Usted es el sí, y yo el no. 0, si usted quiere, usted es el no y yo el sí. ¿ Soy yo superior a usted? Nada de eso. Ni el sí es superior al no, ni el no es superior al sí; pero el sí y el no son superiores al qué sé yo. Comprendo que usted es tan filósofo como yo, aunque de una manera beligerante [...]. En cambio, la mayoría de los otros hombres no son el sí y el no, sino el qué sé yo; que no saben, ni sienten, ni viven, ni importan. ¿Qué tengo yo con ellos? ¿Por qué he de hablar el idioma de ellos? Usted es otra cosa. Yo desearía que usted entendiera mi idioma. Pero, como usted es filósofo beligerante, y yo le quiero, y además me instruyo con usted y me sirve de piedra de toque, porque es usted el no de mi sí, o el sí de mi no, y los dos nos completamos, pues por eso me afano en hablar para que usted me entienda.
-Épatant, épatant, mi querido Belarmino -replicó el confitero con regocijado pasmo- Te entiendo. Yo soy un epicúreo y tú un estoico, ¿no es esto?
Belarmino aprisionó en la despensa de la memoria las dos palabras: epicúreo y estoico, a fin de transmutarlas más tarde por la alquimia de la especulación y hallarles su verdadero sentido.
"Belarmino y Apolonio

5 de julio de 2009

Mullido con plumas de ángel recién cruelmente asesinado, despellejado y desalado

-El esperanto lo inventaron pensando que sería la panacea y al final sólo lo hablan cuatro viejos. Pero para comunicación con cualquier persona del planeta ya tenemos el inglés. Aunque, bueno, mejor para nosotros si fuera el español, ¿no?
-No.

Sería más cómodo, que es todo lo contrario. Todo lo cómodo, a mi parecer, es abominantemente negativo.

¿Por qué desear no tener que aprender un idioma para comunicarte con alguien de otro lugar? ¿Acaso no es mejor aprenderlo y conocer dos, aunque sólo sea para rellenar currículo? Y además ayuda para más tarde aprender un tercer idioma.

¿Por qué no ir al colegio o al trabajo en bicicleta si es en tu mismo pueblo? ¿Acaso no es mejor hacerlo así que ir en coche, gastándote con él dinero en gasolina, teniendo que romperte la cabeza para aparcar, sufrir atascos y contaminar masivamente (no sé por qué siguen siendo legales las carreras de Fórmula Uno. Y menos aún que, existiendo ellas, nos insistan en apagar el motor en detenciones prologadas para ahorrar combustible. Que empalen a quienes digan eso. Defeco sobre el entretenimiento de masas)? Y además ir en bicicleta ayuda a eliminar colesterol, facilitar más la respiración, perder esos kilitos que están acabando con tus rodillas y demás cositas que hacen de este mundo un lugar más tranquilo (“tranquilidad”, qué bonita palabra y cuán distinto es su significado para cada persona).

¿Por qué contratar a alguien para que te limpie la casa y que te cocine? ¿Acaso no es mej... No, esto tiene fácil respuesta: porque después puedo ser el interesante de mi grupo de seres arrogantes, incultos, estúpidos y zampabollos con los que me codeo por interés económico amigos diciendo “Yo no sé ni freír un huevo, me lo hace todo la sirvienta” y “Yo en mi vida he tocado una escoba” mientras me limpio la mierda del culo con una factura y le pido al mayordomo que la canjee por una multinacional. Cómo no me había dado cuenta antes, hay que ser bien tonto.


La comodidad se ha convertido en el nuevo opio del pueblo. Es lo único que nos mueve. El dinero no es más que una excusa para llegar a la comodidad absoluta. Un coche con asientos cómodos que sea cómodo de conducir, una casa de cómodos sofás a una cómoda distancia de la tele y una sirvienta con unas cómodas peras que me haga cómodas mamadas mientras estoy sentado en un cómodo sillón sin hacer absolutamente nada. Qué buena forma de aprovechar mi tiempo vital, arriba la comodidad.

Desprecio la comodidad más que nadie en la porción de Universo que conocemos. La odio con todas mis ganas. Y me gustaría combatirla, pero no es que tenga raíces muy fuertes, es que ella misma es sus raíces, lo abarca todo.
La comodidad nos vuelve seres estúpidos. En Futurama llega a hacer gracia, en Mundo Real™ ni de coña. La gente ya no quiere ni aprender esperanto, que es para un europeo la mierda más fácil que existe.


Te deseo lo peor, querida enemiga.


Pd: el dinero apesta, pero es como tuenti y los teléfonos móviles. Tanta gente cree en él que se ha vuelto indispensbale.

-¿Qué hemos deducido de la lección de hoy?
-“Cómodo”=”Malo”.
-Muy bien. Y ahora, para apremiar tu buen comportamiento, ten las llaves de mi tanque. Con él te será más cómodo aparcar.


-Y ¿qué hemos deducido de la deducción?
-Que una buena conducta se apremia con el retiro de las comodidades, cojones.
-Muy bien. Quinientas flexiones mientras estudio gendo sentado en tu espalda.
-Así me gusta, joder. Espero que lo de mañana sea más duro.
-¿Mañana? ¡Ja! Aún quedan muchas horas por delante este día, joven aprendiz de humano.
-Este mundo empieza agustarme.